SHARE:

Benvinguda a Barcelona

Mi llegada a la Barcelona estuvo regada por la lluvia. Eran las tres menos cuarto de la tarde del día dos de febrero cuando mi avión aterrizó en la capital catalana. Sábado.

Apenas llegar, fui a buscar mi para nada modesta valija (malísima decisión, hay que usar mochila) Ahora, ¿cómo iría del aeropuerto al hostel? Había mucha publicidad de Cabify, pero lo cierto es que, después de varios amagues, su uso está prohibido en la capital catalana.

Así que era el metro o el colectivo. Di varias vueltas antes de decidirme porque, ante todo, insegura. Finalmente, fui por el aerobus, que salía 5 euros y tenía wifi.

Ahí estaba yo, en un país no tan desconocido, intentando entender un idioma que no era el mío (pues en Barcelona todes hablan catalán a no ser que explícitamente solicites que hablen en español), cuando un comentario amable hizo la diferencia.

  • “¿Boleto?… ¡Billete! ¿de dónde eres?”
  • “De Argentina”
  • ¡Pues bienvenida! ¡Vienen muchos argentinos para estos lados”
  • “Merci, gracies”, agradecí en mi protocatalán, por la sonrisa y la cordialidad.

Unos diez o quince minutos después de subirme al colecivo, empecé a ver edificios cada vez más cercanos uno del otro, de cuyos balcones colgaban intermitentemente banderas de Cataluña. Entre historias de Instagram para mis amigues y fotos por Whatsapp para mamá, estábamos entrando a la ciudad.


Me bajé en la parada que está a la vuelta de Plaza Cataluña, exactamente en el centro. Caminé unas seis cuadras hasta el hostel, bajo la lluvia, si señores, con mochila y dos valijas. (No lo olviden: malísima decisión).

Entre paréntesis. Si alguna hay una actitud que he desarrollado a los golpes en las últimas semanas, esa es la paciencia. Con los demás, con el entorno, con lo que pasa a mi alrededor, pero sobretodo conmigo misma. En algún punto voy entendiendo que la frustración no me sirve si lo que busco es avanzar.

Superada mi primera prueba, llegué a Soulbackpackers, el hostel que había elegido para la primera semana. Muy buena decisión. Para una estadía corta en Barcelona, es ideal.

Primero, por su ubicación en el barrio del Eixample (o Ensamble), a un par de cuadras de todos los puntos turísticos más visitados de la ciudad y a la vuelta de la boca del metro L1. Pero además por la comodidad de sus instalaciones y el ambiente hogareño que se genera puertas adentro y afuera. (Luego ahí también conocería a mis primeras amigas de viaje).

Otra cosa que me gustó es que a la vuelta hay un Mercadona, una especie de supermercado Día catalán, con precios accesibles y mucha variedad de productos. Allí fui a comprar algo para cenar.

En la zona también hay varias verdulerías y “pakis”, que vendrían a ser como los “chinos” de Argentina. Supermercados a escala, un poco más caros, con alguna variedad de productos, pero abiertos todo el día (y la noche), cuyos dueños suelen ser inmigrantes pakistaníes. De ahí el mote.

Cargada con importantes enseres bebibles y comestibles, entre ellos una Estrella Damm, por supuesto, volví al hostel a realizar una especie de ritual de festejo personal.

Me senté en una mesa con la picada en frente y ahí me quedé, pensando en el mes y medio anterior, en los cierres y despedidas, en los kilómetros recorridos, mientras me invadía una sensación muy parecida a flotar.

Tenía en mis manos una hoja en blanco. Miedo y coraje, alegría y tristeza, vacío y una birome.


¿Estás por viajar y buscás alojamiento?

Te regalo
19 USD en tu primera reserva de Airbnb entrando desde
éste link.
15 USD en tu reserva de Booking haciéndola desde este acá.

Si te gustó este post, ayudame a difundirlo:

Written by

flora

2 thoughts on “Benvinguda a Barcelona

  1. Pingback: ¡Hola! -

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *